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sábado, 9 de abril de 2016

Lo que fue de mi.

Hace varios días, recibí un comentario pendiente de moderación que me escribió un anónimo. Sí, después de más de dos años sin pasarme por aquí, me decido a echarle un ojo a mi rincón... al cual, realmente, no tuve pensado volver.
Quise dejar este blog como un recuerdo agradable, el pequeño espacio que una niña de trece años construyó a penas sin saber cómo y a base de tontadas que le hacían feliz.
Este blog lo ha sido todo para mi.

Tanto mis subidas como caídas se ven aquí reflejadas (al igual que mis líos absurdos con mis otras amigas, infantiladas sin sentido que ahora, al mirar atrás, me hacen gracia). Al igual que mis gustos y pasatiempos, textos de mi puño y letra... ¡ay! ¡Qué recuerdos!
¡Grandes tiempos, a pesar de todo!

Y si estoy aquí, no es para nada más que agradecer no solo a esa persona anónima (de la que con la mano en el pecho os digo, no se nada), sino también al resto de personas que han estado ahí para leerme, a las que no solo se pasaban a recomendarme sus blogs (¡lo cuál me encantaba, después de todo!), a esas las cuales no comentaban pero se sentían inspirados por el. Gracias, por hacer de lo que es mi mundo una pequeña parte del vuestro. Lo fuisteis todo para mi.

¡Por favor! ¡Quiero retroceder aunque sea para disfrutar unos segundillos de lo que fue y hacer las cosas un tanto mejor! Porque, a pesar de todo, cometí errores. Muchos. Demasiados, diría yo.
Pero dejando la culpabilidad en un rincón oscuro, ¡qué bueno es volver a respirar este aire!
Aunque, todo debo decirlo, no creo que vuelva, simplemente creo que debía dar una pequeña explicación de por qué ya no me veis el pelo.
O ya no eso, sino también para hacer una despedida cómo Dios manda, ¿no creéis?
Sinceramente digo que, a pesar de lo que fui, esto ya no lo va a leer nadie salvo yo (o eso creo). Pero, ¿qué pierdo? Nada. A pesar de todo esto, os lo merecéis.



Simplemente, aquella niña-adolescente se cansó. ¡Y no del blog o de su gente! ¡Tampoco de leer o escribir!
Se cansó de inmadureces innecesarias, de escribir por escribir, de convertir su blog en un "negocio". Obvio, no en uno como tal, sino en sentido figurado.
Digamos que se le empezó a subir a la cabeza el contador de visitas y los comentarios, los cuales subían cómo la espuma, y no le prestó importancia a nada más que eso, ser conocida, cuando apenas tenía relación con gente de su entorno o bloggers mismos.
Ahora, al ver a esa pequeña tontorrona, al verme a mi, me doy cuenta de que no eran más que estupideces de cría: el querer hacernos popular era muy común.
Pero no dejo de pensar en lo sensata que fui. Diantres, mi principal objetivo fue hacer de este blog una revista de moda (lo que amaba con locura por aquel entonces) al puro estilo VOGUE pero en versión española y escrita por una chica más que joven. Pero luego, a esto se le añadieron cotilleos y más basurrillas a las que yo llamo que aparecen en las revistas convencionales, por lo que dejó de ser tan original como tramé al principio.
Sí, cierto... la idea principal tampoco era original al cien por ciento, pero era más... pura, digamos (para mi, claro).
Luego, llegaron otros blogs. Estos eran cercanos, pues mis amigas los llevaban.
Claro está que, al principio todo era más que genial. Amigas que escribían sobre lo que les gustaba en sus blogs, comentaban, compartían consejos... ¡qué podía salir mal!
¡Nada! Nada, claro está, si no hubiésemos sido criajas a las que todo les afectaba y lo de fuera lo trasladaban a dentro.
Guerras estúpidas constantes entre las que se copiaban de una, las de otra, las que insultaban a quién o ponían indirectas en sus entradas... y así hasta la saciedad. Cosas que ahora veo tan inmaduras e infantiles que me hacen reír y no a mal modo, sino al contrario. ¡Qué recuerdos, eh chicas!
Aunque, claro... en esos momentos lo maxificábamos todo y nos hacia real daño.

Luego de esto, hubo una etapa en la que fui añadiendo reseñas, opiniones e inspiraciones que me hicieron hacer este rinconcito más mío y más característico. Cuando fui más feliz aquí, vaya.
Me relacionaba con otras bloggers, ganaba premios y hacía tags... ¡lo amaba!
Y, de nuevo... ¡ay!
Me volqué durante un tiempo pero volví a perder las ganas por escribir, y lo que me motivaban eran los seguidores y las visitas (dichosa mini diva...). Y claro, lo hacía todo con desgana y no disfrutaba para nada. Pero entonces, descubrí que podía volcar lo que me apasionaba realmente de la forma en la que aquí se podía: escribir.
Tenía imaginación y amaba inventar historias y escribir novelas, por lo que me decidí a hacer una.
No era de las mejores que tengo, tenía miedo a que me copiasen para que engañarnos, pero tampoco poseía un control increíble en este tipo de cosas y no estaba muy cualificada. Pero, atrás eso, lo publiqué y gustó.
Lo malo fue que no por mucho tiempo. Y sé que los malos comentarios no debían molestarme o hacerme abandonar esto, pero si no tenía apoyo, ¿qué estaba haciendo aquí? No me sentía cómoda.
Y sin despedidas ni nada, me alejé de este mi mundo.

Claro que echo de menos esto.
Claro que amo escribir.
Claro que os amo a vosotros.

Pero, justo cuando me fui, entré en el mundillo de la madurez y me dejé llevar.
¡Ojo al dato! No quiero decir que los blogs sean ni infantiles ni destinados a personas inmaduras, solo que, yo en ese entonces lo era y di un giro completo. Una vuelta a pista.
No quiero hacerme creer que dejar esto me hizo madurar, creo que pudo haber sido también a la inversa, pero me vino bien.
Ahora, estoy más que feliz. ¡Agh, si yo os contara!
A puntito de graduarme estoy, y qué nervios. Haciendo lo que me gusta, sacando por fin las notas que me merezco y siendo quién quiero ser.
He conocido de cerca el término amistad y debo admitir que me encanta. Y, aunque tenga una situación complicada ahora en mi vida, amo tener todo lo que tengo, he conocido y encontrado.
Hay más progresos, claro. ¡Pero no puedo enumerarlos todos!
En cualquier caso, me alegra poder contaros un poquitín de lo que soy ahora.
¡Os puedo asegurar que esto ha sido un gran cambio!

¡Ay! ¡Viejo amigo! Lo que te he querido y quiero. Nunca olvidaré tan grandes momentos me has dado. Ojalá esto no sea un hasta nunca, sino un hasta siempre.
Que bueno volver a tenerte un ratín más.
Nunca te olvidaré, ni a ti ni a nadie que conocí por ti.
A todos...

¡GRACIAS!


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